Clausura
Programa de Concierto
Anton Arensky
Cuarteto en La Menor No.2 con dos Violoncellos Opus 35 **
I. Moderato
II. Variaciones sobre un Tema de Tchaikovsky
III. Andante Sostenuto
Pausa
Johannes Brahms
Sexteto de Cuerdas en Si bemol Mayor Opus 18
I. Allegro ma non troppo
II. Andante ma moderato
III. Scherzo. Allegro molto
IV. Poco allegretto e grazioso
G.Enescu
Aubade para cuerdas
**Estrenos en Chile
Sobre el Programa
Clausura
Toda clausura es, en esencia, un nuevo comienzo. Este programa cierra la primera edición del Festival, pero lo hace con dos obras que, paradójicamente, representan los inicios creativos de sus compositores. La juventud de estas piezas, escritas en los primeros años de sus carreras, nos recuerda que el final de una etapa es siempre la antesala de lo que está por venir. Así, Clausura no solo marca el cierre de este encuentro musical, sino que también abre la puerta a futuras ediciones, celebrando el ciclo continuo de la creación y la renovación.
El Cuarteto de cuerdas n.º 2 en la menor, Op. 35 de Anton Arensky es una obra que, aunque escrita en su juventud, ya revela su sensibilidad melódica y su profundo sentido expresivo. Concebida como un homenaje a su mentor, Pyotr Ilyich Tchaikovsky, esta pieza se distingue por su inusual instrumentación, con dos violonchelos en lugar de dos violines, lo que le otorga una sonoridad más profunda y resonante. A través de su expresividad melancólica y su riqueza armónica, Arensky captura la esencia del lirismo ruso, al mismo tiempo que rinde tributo a la tradición de la que él mismo era parte.
El programa culmina con el Sexteto de cuerdas n.º 1 en si bemol mayor, Op. 18 de Johannes Brahms, una obra que marcó un punto de inflexión en su carrera. Compuesto en su juventud, cuando aún buscaba consolidar su voz compositiva, este sexteto ya muestra el equilibrio perfecto entre la calidez romántica y la estructura clásica que caracterizaría su obra madura. Su riqueza tímbrica, gracias a la combinación de dos violines, dos violas y dos violonchelos, permite un juego de texturas y diálogos de gran expresividad, desde la serenidad del primer movimiento hasta el arrebato emocional del final.
Con estas dos piezas, Clausura nos invita a reflexionar sobre la naturaleza cíclica del arte y la música: el cierre de esta primera edición es también una promesa de continuidad. Así como Arensky y Brahms escribieron estas obras en sus años de formación, anticipando el desarrollo de sus legados, este festival, aún en su juventud, marca el inicio de un camino que seguirá expandiéndose en las futuras ediciones.